Un gobierno de Izquierda no vería en esta crisis un desastre, sino la oportunidad histórica de transformar el saqueo en soberanía, el desempleo en dignidad y la dependencia en desarrollo nacional.
Por Felipe Lora Longo
Revista Dominicana
La paralización de la minera Falcondo ha dejado a miles de trabajadores sin empleo, a suplidores sin cobrar y a comunidades enteras sumidas en la incertidumbre. Mientras tanto, la empresa —que en años recientes exportó cientos de millones de dólares en ferroníquel— ha incumplido con sus obligaciones laborales, fiscales y contractuales.
A primera vista, esta situación parece un desastre económico y social. Pero, desde una visión socialista y soberana, debemos preguntarnos: ¿acaso no es esta la oportunidad histórica para que el pueblo dominicano recupere lo que es suyo?
La caducidad de la concesión: primer paso de dignidad
Cuando una transnacional incumple sus compromisos básicos con los trabajadores y con el Estado, está violando el contrato social que le permite operar en nuestra tierra. El gobierno dominicano, en vez de actuar como mediador pasivo, debe declarar la caducidad de la concesión de Falcondo y recuperar el control total de nuestros yacimientos de níquel.
No se trata de un capricho ideológico, sino de un acto de justicia y soberanía: ningún recurso natural estratégico puede estar en manos de empresas que saquean riquezas y abandonan responsabilidades.
Una Empresa Estatal del Níquel
Con la concesión recuperada, el país puede dar el paso audaz de crear una Empresa Estatal del Níquel, gestionada con participación del Estado, los trabajadores y las comunidades de Bonao y la Vega. Esta empresa no solo garantizaría empleos estables, sino que reinvertiría sus ganancias en salud, educación y obras comunitarias, en lugar de enviarlas a cuentas bancarias extranjeras.
Valor agregado e industrialización
Por décadas hemos exportado ferroníquel casi en bruto, recibiendo apenas una fracción de su valor. Un gobierno soberano debe comprometerse a construir plantas de procesamiento y fundición en suelo dominicano, de manera que podamos producir acero inoxidable y otras aleaciones. Así, lo que hoy es materia prima para otros, mañana puede convertirse en motor de nuestra propia industrialización.
Fondo social y ambiental
Los beneficios de esta nueva política minera deben destinarse también a la reparación de los daños ambientales acumulados y a proyectos sociales. Propongo que un Fondo Social y Ambiental del Níquel garantice reforestación, protección de ríos y montañas, así como becas y capacitación técnica para jóvenes de la región. De esta manera, la minería dejaría de ser sinónimo de contaminación y se convertiría en aliada del desarrollo integral.
De la dependencia al futuro
El ferroníquel no es eterno. Por eso, el excedente que se genere debe servir para impulsar energías renovables, agroindustria y ciencia aplicada, preparando al país para una economía menos dependiente de la extracción minera y más enfocada en la creatividad y productividad de nuestro pueblo.
De problema a victoria popular
La crisis de Falcondo no debe resolverse con más concesiones a los mismos de siempre. Este es el momento para que la República Dominicana dé un salto hacia la verdadera independencia económica. Un gobierno socialista no vería en esta crisis un desastre, sino la oportunidad histórica de transformar el saqueo en soberanía, el desempleo en dignidad y la dependencia en desarrollo nacional.
El níquel dominicano debe ser para los dominicanos. Ese es el camino de la justicia social, de la soberanía popular y de la verdadera libertad.



