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ABINADER, MUÑEQUITO DE PAPEL

Cómo la dependencia económica, las concesiones y la política exterior sumisa convierten al gobierno de Abinader en un Muñequito de Papel frente a los intereses extranjeros.

Por Felipe Lora Longo
Revista Dominicana

En el siglo XXI, Luis Abinader, quien supuestamente llegó al poder prometiendo cambios profundos y una nueva República Dominicana, ha terminado comportándose como un simple  Muñequito de Papel: una figura insuficiente para defender la soberanía y demasiado dispuesto a cumplir con los intereses de potencias extranjeras y, como todo Muñequito de Papel, listo para entregar los recursos naturales del país al gran capital global.

Este apodo no es gratuito. La historia dominicana está llena de personajes que parecían representar al pueblo —pero al final terminaron siendo representantes de otros intereses. Joaquín Balaguer continuó siendo llamado así después de la era de Trujillo porque, aunque parecía independiente, fue el representante de los “intereses” y los dictados de los Estados Unidos, que los mantuvieron en el poder sostenido por mecanismos de terror como la tristemente célebre Banda Colorá y por una maquinaria de sangre y represión hasta el final de su mandato.

Hoy vemos algo similar, pero bajo nuevas formas: no se necesita una banda terrorista para mantener aterrorizado al pueblo cuando existen acuerdos comerciales, tratados, deuda y relaciones económicas que condicionan nuestra soberanía, y una Policía Nacional impune lista a apagar cualquier chispa de protesta.

Un Gobierno dócil ante el imperio
Una de las últimas acciones dignas de un mediocre Muñequito de Papel ocurrió el pasado diciembre cuando Luis Abinader  autorizó oficialmente que fuerzas estadounidenses operaran  en zonas restringidas del país, incluyendo la Base Aérea de San Isidro y el Aeropuerto Internacional de Las Américas, para supuestas “operaciones logísticas” en la lucha contra el narcotráfico —una lucha que el propio gobierno de Donald Trump ha utilizado, en la práctica, como cobertura para presionar y ejecutar acciones regionales, incluso vinculadas a intereses geopolíticos sobre Venezuela y otros países.

La propaganda oficial repite que se trata de una contribución al combate a las drogas. Pero todo el mundo con memoria histórica sabe que esa “guerra” no fue más que un invento usado como excusa para forzar un cambio de régimen en Venezuela. ¿Ha notado usted, como yo, que  después del secuestro del Presidente Venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, el gobierno de los estados Unidos no ha asesinado ni un solo pescador en el mar caribe?

Al firmar ese acuerdo, el Muñequito de Papel permitió que nuestra Soberanía fuera secuestrada sin debate. El acuerdo no fue explicado con transparencia: no se ha publicado un texto detallado que permita conocer el alcance real, las limitaciones, los mecanismos de control, ni los beneficios tangibles para el país. Lo que vemos es un acto unilateral del Ejecutivo que compromete territorio dominicano —y no hay un verdadero debate ciudadano ni supervisión democrática.

Permitir operaciones extranjeras dentro de nuestras bases militares es una decisión de soberanía que debería ser debatida en el Congreso y por el pueblo entero.

Economía dependiente y endeudada
En el frente económico, Abinader también ha sido criticado por llevar al país a un nivel de endeudamiento nunca antes visto en términos absolutos, al incrementar la deuda pública de manera significativa desde que asumió el poder.

Aunque el gobierno se jacta alegando que la relación deuda/PIB ha bajado y que organismos internacionales consideran la deuda “sostenible”, el crecimiento en monto absoluto de la deuda significa más condicionamientos y más dependencia de los capitales externos.

Mientras tanto, sectores como turismo y zonas francascelebrados por el oficialismo como motores del crecimiento económico— siguen siendo altamente dependientes del capital y del consumo extranjero. El turismo se sostiene en gran parte con visitantes desde Estados Unidos y otros países, y las zonas francas exportan principalmente a mercados externos, muchas veces bajo cadenas de valor globales donde el mayor valor agregado no queda en el país.

No es casualidad que nuestras exportaciones crezcan impulsadas por estos sectores, si a la vez la economía interna no logra romper los nudos de la dependencia estructural.

La danza de las concesiones: el país en remate
A esto se suma la política descaradamente entreguista de concesiones mineras y turísticas,  Una verdadera danza de permisos firmados a espaldas del país, que comprometen ríos, montañas, costas, parques nacionales y territorios comunitarios.

Sin consulta popular, sin estudios ambientales serios y sin debate nacional, los recursos del pueblo se convierten en mercancía barata. El Estado asume los daños; las corporaciones se llevan las ganancias. Así se pierde la soberanía: con cada playa cercada, cada montaña perforada y cada contrato firmado bajo la mesa.

Remesas: el sudor de nuestro pueblo
Nuestro principal “producto de exportación” no son bienes manufacturados sofisticados ni tecnología propia: son nuestros ciudadanos. Millones de dominicanos que tuvieron tenido que emigrar —arriesgando sus vidas y separándose de sus familias— enviaron en el 2025 casi 12,000 millones de dólares en remesas, que son la fuente principal de divisas para la economía nacional, sin que el Estado haya tenido que invertir un solo centavo en su creación.

Esto revela la paradoja dolorosa: una economía que depende de la fuerza laboral que huye de la falta de oportunidades, mientras quienes están en el poder celebran cifras de “crecimiento” que apenas tocan la vida de la mayoría.

Turismo, zonas francas… la ilusión de desarrollo
El gobierno ensalza los números: récords en turismo, crecimiento de exportaciones y captación de inversión extranjera.
Pero estos logros, en gran medida, no rompen el nudo de la dependencia. Más bien, aseguran que los intereses extranjeros desempeñen un papel dominante en sectores clave de nuestra economía.

¿Hacia dónde vamos?
Abinader representa una continuidad del modelo dominicano de subordinación: un muñequito de papel moderno, que se mueve bien en discursos técnicos y cifras económicas, pero que en el centro no defiende la soberanía económica, política ni militar de la República Dominicana.

  • ¿Vamos a seguir siendo un país cuya política exterior es dictada en gran parte por decisiones de Washington?
  • ¿Aceptaremos sin discusión acuerdos que permiten el uso de infraestructura estratégica dominicana?
  • ¿Seguiremos celebrando cifras de crecimiento que no se traducen en soberanía ni en desarrollo real para el pueblo?

La soberanía no se defiende con cifras macroeconómicas, ni con discursos de confianza inversionista. Se defiende con control democrático, transparencia, debate público y un proyecto de desarrollo soberano que priorice a nuestra gente sobre los intereses de corporaciones y potencias extranjeras.

Los hilos que mueven a este Muñequito de Papel deben romperse. No para reemplazarlo por otro títere decorativo —sino para que el pueblo realmente, de una vez por todas, sea quien dirija el destino de su país.





Nota al lector:
Nada de esto cambiará solo con indignación. La alternativa real es organización popular.
Si quieres ser parte de la solución, puedes integrarte como voluntario o como miembro fundador de una organización comunitaria en tu barrio, campo, centro de trabajo o estudio.
La soberanía no se delega: se organiza.

PS: Si deseas ser parte contactar  a nuestros Voluntarios.
Correo E: [email protected]
WhatsApp: 503 519 6358

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