La única diferencia entre un héroe y cualquier otro dominicano no es la valentía sobrehumana, sino la simple decisión de no seguir tolerando lo intolerable.
Por Felipe Lora Longo
Revista Dominicana
Cada abril, el movimiento de izquierda sale de su burbuja y, entre recuentos históricos, ofrendas florales y notas de prensa, nos invita a recordar a los héroes de abril.
Al mismo tiempo, los que hoy representan a quienes, hace 61 años, truncaron el camino hacia una verdadera soberanía dejan correr sus discursos.
Y los grandes medios, al servicio del poder, los repiten por todo el país.
Los más atrevidos van más lejos: crean museos por decreto, organizan comisiones con bombos y platillos y convierten la historia en un acto vacío.
Sí.Los mismos que le suben la luz al pueblo, que usan la Policía Nacional como aparato represivo, que firman contratos a escondidas, que endeudan el país y entregan la soberanía, se adueñan de los nombres de Francisco Alberto Caamaño Deñó, Rafael Tomás Fernández Domínguez y Maximiliano Gómez, entre otros, para encubrir su cobardía con la gloria ajena.
Pero la verdad es más simple. Los héroes de abril no están en los museos.
Están en la calle.
Porque en el 65 no pelearon superhéroes. Pelearon hombres y mujeres como tú:
con miedo, con deudas, con hijos, con problemas.
Fueron dominicanos de carne y hueso — con miedo, con hambre, con familia — que un día decidieron que la injusticia que veían era más insoportable que el riesgo que corrían. Esa es toda la diferencia entre un héroe y cualquier otro dominicano: no la valentía sobrehumana, sino la decisión humana de no seguir tolerando lo intolerable.
Y esa decisión se está tomando hoy. Ahora mismo. En las calles de este país.
Ayer, 24 de abril, mientras escribía estas líneas, los dominicanos del Cibao marchaban al pie del Monumento a los Héroes de la Restauración en Santiago. En San Juan de la Maguana, el pueblo sureño se moviliza también. No son conmemoraciones. Son actos de rebeldía viva, antesala del 27 de abril — el Día Nacional de la Rebeldía que la Coordinadora Popular Nacional ha convocado en todo el territorio nacional, con concentración frente al Palacio Nacional y acciones simultáneas en decenas de comunidades.
¿Quiénes son los héroes de este abril?
Es la mujer de barrio que sale a marchar aunque sabe que mañana tiene que madrugar a trabajar. Es el campesino que defiende su río contra las concesiones mineras de GoldQuest y Unigold sin más arma que su cuerpo y su voz. Es el activista de San Francisco de Macorís que resistió el cerco policial a su residencia sin rendirse. Es el joven de Navarrete que fue detenido por reclamar lo que es suyo y salió a seguir luchando. Es el organizador comunitario que lleva años construyendo, sin sueldo, sin reconocimiento, sin monumento garantizado.
Ninguno de ellos espera que le pongan su nombre a una avenida. Están construyendo su legado en tiempo real, igual que Caamaño construía el suyo mientras las balas pasaban.
La diferencia entre nosotros y los héroes de 1965 no es el tamaño del corazón. Es la forma en que el enemigo se presenta. En el 65 llegó con marines y tanques y era imposible no verlo. Hoy llega con tratados injustos, con deuda acumulada a espaldas del pueblo, con concesiones mineras firmadas de noche, con facturas energéticas que nadie votó. Pero sigue siendo el mismo proyecto de dominación, y sigue necesitando la misma respuesta: el pueblo en las calles, organizado, sin miedo y sin pedir permiso.
Abril no es una fecha para llorar a los muertos. Abril es la demostración histórica de que el pueblo dominicano, cuando decide moverse, se mueve. De que la voluntad popular, cuando se organiza, hace temblar al poder más grande del hemisferio. De que cada generación produce sus propios héroes — no porque nazcan con una estrella, sino porque las condiciones los forjan y ellos deciden estar a la altura.
Las condiciones están aquí.
Estuvo el 24 de abril en Santiago y en San Juan de la Maguana, y este 27 de abril estará en cada una de las movilizaciones que ocurrirán en todo el país. Los héroes no están en los cementerios ni en los museos. Están marchando, organizando, resistiendo, soñando en voz alta a pesar del precio que se paga por soñar en este país. Son los continuadores vivos de una tradición que ningún gobierno, ninguna bota, ninguna traición ha podido enterrar definitivamente.
La historia no la hacen los monumentos. La hacen los que se mueven cuando otros se quedan sentados.
El Día Nacional de Rebeldía se acerca…Muévete.

