Home Caras y Voces desde la Izquierda La  Izquierda Dominicana y la Ilusión Mágica de la Unidad

La  Izquierda Dominicana y la Ilusión Mágica de la Unidad

0
665
Felipe Lora Longo para la Revista Dominicana

La unidad verdadera será consecuencia, no causa: resultado de la renovación interna, del trabajo de base, del abandono de los métodos caducos

Por: Felipe Lora Longo
Revista Dominicana

La izquierda dominicana atraviesa una crisis prolongada, no sólo de articulación, sino de visión. En muchos espacios de discusión interna, se repite una consigna que ya ha sido elevada a dogma: “¡Hay que lograr la unidad!”. Sin embargo, como he advertido en los artículos de opinión “¿Qué hacer mañana?” y “¿Cómo llegar al poder desde la izquierda?”, esta unidad ha sido convertida en una ilusión mágica, un amuleto político que, se cree, obrará por sí mismo el milagro del poder popular.

Pero la historia reciente de nuestras luchas revela que no es así. La unidad por sí sola no es suficiente. Más aún, la forma en que hemos perseguido esa unidad ha reproducido vicios del pasado: caudillismo, verticalismo, métodos obsoletos, y una desconfianza estructural hacia la participación horizontal de las bases. La retórica de la unidad ha terminado siendo, muchas veces, una excusa para no confrontar los verdaderos desafíos organizativos e ideológicos que nos aquejan.

1. Unidad sin estrategia: el espejismo que nos inmoviliza

En “¿Qué hacer mañana?”, denuncio con precisión el carácter rutinario y repetitivo de nuestras acciones: protestas sin continuidad, denuncias sin seguimiento, talleres sin proyección organizativa. Bajo el rótulo de “unidad de acción” hemos ejecutado eventos que movilizan sin transformar, y que al final sólo sirven para “atajar” mientras los enemigos “enlazan”. Las experiencias de la Marcha Verde, las luchas contra las AFP, y los reclamos ambientales, aunque justas y necesarias, no se convirtieron en fuerza política transformadora porque no fueron acompañadas de una estructura coherente, con visión de poder y voluntad de ruptura con lo viejo.

2. El tabú del líder carismático y el miedo a delegar

Otro punto neurálgico es el culto a la figura salvadora, heredado de la cultura política de los años 60 y 70, donde se buscaba “el nombre” que podía representar al pueblo. Hoy seguimos atrapados en esa trampa: la búsqueda de un rostro, un candidato, un caudillo que nos evite la tarea de construir poder colectivo. Esta lógica paraliza el desarrollo de nuevos liderazgos, ahoga las iniciativas desde las bases y perpetúa un centralismo que hace de nuestras organizaciones espacios envejecidos, rígidos y desconectados del sentir popular.

3. Necesitamos otra práctica política, no más actividades

Insisto: más protestas no solucionan la falta de estrategia. Multiplicar las actividades sin modificar su lógica es como gritar en el desierto. Necesitamos una práctica política que no comience con el calendario de actividades, sino con una mirada autocrítica sobre nuestras estructuras, discursos y objetivos. Esa transformación no puede depender de una asamblea nacional ni de una plataforma electoral común. Debe comenzar desde adentro, en cada comité, célula o colectivo de base.

4. La dirigencia tiene la responsabilidad de actuar primero

Es a la dirigencia de las organizaciones de izquierda a quien corresponde dar el primer paso. Pero no basta con proclamas o documentos. La transformación debe ser práctica: abrir espacios de discusión interna reales, renunciar al control por el control mismo, empoderar a los jóvenes militantes, permitir que los nuevos liderazgos emerjan sin temor ni censura. Es en ese proceso de reaprendizaje organizativo donde puede surgir una verdadera unidad, no impuesta desde arriba, sino construida desde abajo.

5. Embarrarse de pueblo: el único camino al poder popular

Vuelvo y repito, no se trata de buscar alianzas oportunistas ni de “camuflajearnos” con las prácticas de la derecha. El camino hacia el poder desde la izquierda es arduo, pero claro: programas concretos, acción territorial sostenida, pedagogía política y ética revolucionaria. Se requiere una militancia dispuesta a “embarrarse de pueblo”, a vivir las contradicciones del barrio, del campo, de las y los trabajadores. Solo así podremos recuperar la moral de la izquierda y ganar el corazón del pueblo.

La ilusión de que la unidad —por sí sola— nos llevará al poder debe ser desmontada. No se trata de negar su importancia, sino de redefinirla radicalmente. La unidad verdadera será consecuencia, no causa: resultado de la renovación interna, del trabajo de base, del abandono de los métodos caducos. A la dirigencia de izquierda dominicana le corresponde iniciar esta transformación no como un favor a la historia, sino como un acto de lealtad a los pueblos que decimos defender.

Otras publicaciones del autor <<AQUI>>

Opiniones relacionadas
– La Izquierda debe Ganarse el Apoyo del Pueblo
– Construir el Partido para Construir la Nación

Si crees que lo que hacemos es importante; aqui puedes apoyar nuestro trabajo

Regístrate AQUI!

“Me Gusta” en Facebook