República Dominicana entre la sumisión y la posibilidad soberana
Por: Felipe Lora Longo
Revista Dominicana
En un mundo que se reconfigura aceleradamente, donde los pueblos del Sur Global rompen amarras con el viejo orden imperial y levantan su voz en defensa de la cooperación multilateral, la República Dominicana permanece anclada en una dependencia geoestratégica que le impide siquiera imaginar un camino distinto. Seguimos actuando como lo que somos: una colonia sin título, sin voz propia, sin política exterior, sin voluntad de cambio.
Mientras otros países avanzan hacia nuevas alianzas y bloques emergentes como el BRICS, nosotros seguimos mirando con devoción hacia la embajada de los Estados Unidos. Nuestra política internacional no nace del interés nacional ni de un plan soberano, sino del miedo a molestar a nuestros amos.
Más deuda, más sometimiento, menos futuro
En lugar de abrirnos a la posibilidad de comerciar en monedas propias, como ya hacen países del BRICS, seguimos atados al dólar y a las cadenas del FMI. En lugar de sumarnos a acuerdos de cooperación en salud, tecnología o energía con India, Brasil o China, seguimos firmando tratados que destruyen nuestra producción nacional, entregan nuestros recursos naturales y condenan a nuestra juventud a la informalidad y la migración.
¿Y qué ganamos con esa obediencia servil?
Solo este año, la deuda pública aumentó en US$3,577.6 millones, alcanzando los US$61,164.8 millones. Una cifra escandalosa que evidencia que el modelo actual —al servicio del capital financiero internacional— es insostenible e inmoral.
BRICS no es la utopía, pero sí un paso hacia la soberanía
No se trata de idealizar el BRICS. Ese bloque también encierra contradicciones: países con regímenes autoritarios, tensiones geopolíticas, estructuras económicas todavía dependientes del extractivismo. Pero ahí no está el problema. El verdadero debate no es si el BRICS es perfecto, sino si tenemos derecho como nación a elegir otras rutas de desarrollo, otros socios económicos y otras formas de integrarnos al mundo.
El BRICS ofrece alternativas concretas:
- Un sistema de pagos distinto al SWIFT.
- Financiamiento sin condiciones de privatización ni recetas neoliberales.
- Acuerdos de cooperación sur-sur en salud, educación, infraestructura y soberanía energética.
Pero para acceder a eso, hace falta algo que nuestra clase política no ha mostrado tener: dignidad nacional.
La oligarquía criolla no quiere soltar la cadena que la une a Washington. No por ignorancia, sino por conveniencia. Ellos viven del sometimiento. Temen al cambio porque el cambio pone al pueblo al centro.
Solo un gobierno de izquierda puede abrir el camino
La pregunta que nos persigue es clara: ¿quién puede romper con esta estructura de subordinación?
La respuesta es aún más clara:
Solo un gobierno de izquierda, con moral, con vocación de transformación y con un proyecto de país, puede reorientar la política exterior dominicana hacia la soberanía.
Un gobierno popular de izquierda tomaría medidas urgentes como:
- Establecer relaciones bilaterales estratégicas con los países del BRICS.
- Solicitar ingreso como observador al Nuevo Banco de Desarrollo.
- Impulsar convenios en salud pública con India, cooperación agroalimentaria con Brasil, y acuerdos de transferencia tecnológica con China.
- Reposicionar a la República Dominicana como un actor clave en la CELAC y como punto de encuentro para la integración anticolonial del Caribe.
- Declararse país neutral ante disputas hegemónicas entre bloques, priorizando los intereses del pueblo trabajador dominicano, no los de la OTAN ni los del G7.
El momento histórico exige decisión, no sumisión
La historia se está moviendo, y quien no se mueve con ella, queda atrás o es aplastado. El mundo multipolar ya no es una tesis académica; es una realidad en construcción. Lo que está en juego no es solo el futuro económico del país, sino su lugar en el mundo. ¿Seguiremos siendo satélites de imperios ajenos o nos convertiremos en un pueblo soberano con voz propia?
A las organizaciones de izquierda, los movimientos sociales, los sindicatos, las comunidades organizadas, los y las jóvenes: es a ustedes a quienes les toca asumir este desafío. No basta con resistir desde abajo; hay que construir poder político y tomar el timón del Estado para reorientarlo hacia un futuro digno.
Porque solo desde el gobierno —y más allá, desde el poder popular— podremos romper las cadenas que nos atan al imperialismo y abrirle paso a una República Dominicana libre, justa, digna y plenamente integrada al Sur Global.
¡La integración al BRICS no será posible sin ruptura con el viejo orden!
Y esa ruptura solo será posible con la izquierda al mando.



