Home Caras y Voces desde la Izquierda RD: El mejor lugar para invertir… pero no para quedarse

RD: El mejor lugar para invertir… pero no para quedarse

0
319

República Dominicana es el “mejor lugar para invertir”, sí… pero solo para los extranjeros y las corporaciones. Para los dominicanos comunes, el país sigue siendo una fábrica de migrantes y remesas.

Por Felipe Lora Longo
Revista Dominicana

El presidente Abinader volvió a repetir el viejo estribillo del poder:
“Hoy la República Dominicana es el mejor lugar para invertir en toda Latinoamérica.”

Lo dijo en Punta Cana, rodeado de empresarios extranjeros, copas de champaña y aires de grandeza, inaugurando un hotel de 160 millones de dólares.
Y mientras los poderosos aplaudían, los dominicanos de a pie seguían empacando maletas.

Porque sí: la República Dominicana es el mejor lugar para invertir… pero solo para los extranjeros y las corporaciones.
No para los dominicanos que trabajan, producen y sueñan con quedarse a vivir de su esfuerzo.

El presidente cita cifras, habla de “inversión extranjera”, “empleos de calidad” y “crecimiento sostenido”.
Pero nadie menciona que ese “milagro” está sostenido por una economía que expulsa a su propia gente y celebra el dinero que mandan desde afuera.
Las remesas son hoy el verdadero salvavidas nacional, superando los 10 mil millones de dólares anuales.

¿Y quiénes las envían?
Los mismos dominicanos que este modelo arrojó: obreros de la construcción en Nueva York, enfermeras en Madrid, taxistas en Boston, conserjes en Toronto.
Mientras el gobierno les llama “héroes”, ellos mantienen con su sacrificio lo que los inversionistas exprimen.

El país que Abinader presenta como “atractivo para invertir” es el mismo que expulsa más de 100 mil dominicanos cada año, buscando lo que aquí se les niega: estabilidad, salarios dignos y derechos.
El turismo crece, pero el campesino vende su conuco; el hotel se levanta, pero el joven calificado se va.

 La herencia del neoliberalismo
Desde los años 90, con las privatizaciones, la apertura comercial y la entrega de sectores estratégicos al capital extranjero, el país se acostumbró a medir su éxito por la cantidad de dólares que entran, no por la calidad de vida de su gente.

El neoliberalismo prometió desarrollo, pero lo que dejó fue dependencia y desigualdad: un país que vive del turismo, las remesas y las importaciones.
El campo se vació, la industria nacional se achicó y la juventud más preparada se marchó.

Esa es la contradicción central del modelo: atrae capitales, pero expulsa seres humanos.
Y lo más triste: el Estado celebra ambas cosas.
Celebra la inversión extranjera que privatiza las playas…
y celebra las remesas que mantienen viva la economía que esas inversiones nunca transforman.

La Altagracia: el espejo perfecto
La Altagracia, donde Abinader pronunció su discurso, es el espejo perfecto de la República Dominicana actual:
una región donde la riqueza es extranjera, el trabajo es dominicano y la pobreza es local.
Cada hotel nuevo es una embajada del capital global, y cada trabajador, un asalariado temporal en su propia tierra.

El gobierno se ufana de ser “el segundo país con más inversión estadounidense”, como si eso fuera independencia, cuando en realidad es una nueva forma de colonización económica.
Los nuevos “dueños del ingenio” ya no usan látigo: usan traje, tarjeta de crédito y Wi-Fi.

Un país sostenido desde el extranjero


Mientras el presidente brinda con los inversionistas, la nación real vive del esfuerzo de sus ausentes.
Las remesas sostienen el peso, pagan la canasta, financian la educación de los hijos y el cemento del techo.
Y, paradójicamente, son esas remesas las que hacen posible que el mismo gobierno diga que “la economía está estable”.

La estabilidad la mandan por Western Union o por Caribe Exoress
El desarrollo lo anuncia Marriott.
Y la soberanía… sigue esperando en la fila del consulado.

 El país que crece sin avanzar
Sí, presidente, somos el mejor lugar para invertir.
Pero solo para los extranjeros y las corporaciones que vienen a sacar provecho, no para los dominicanos que levantan el país con su sudor.
Porque aquí los de afuera tienen todas las ventajas, y los de adentro, todos los sacrificios.
Porque aquí los inversionistas extranjeros son “socios”, pero los dominicanos emigrantes son “remeseros”.

Hasta que la patria deje de depender del dinero que mandan sus hijos ausentes
y del capital que se lleva sus recursos presentes,
no seremos el mejor lugar para invertir…
sino el mejor ejemplo de cómo un país puede crecer sin avanzar y prosperar hacia afuera mientras se vacía por dentro.