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1/6: La Maldición Dorada

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La minería en República Dominicana: historia, auge y mito del progreso

Primera entrega de la serie “La Maldición Dorada”

Para la Revista Dominicana

Nota de la Redacción
Con esta entrega iniciamos una serie investigativa de siete partes sobre la minería y sus verdaderos impactos en la República Dominicana. Este trabajo busca desenmascarar las mafias políticas y empresariales que, bajo el disfraz del “desarrollo”, han entregado nuestros recursos naturales y hipotecado la soberanía nacional.

Herencia de saqueo
Desde los primeros viajes de Colón, el oro dominicano fue saqueado para enriquecer imperios ajenos. En el Cibao se fundieron los primeros metales de América, y el oro dominicano viajó en los galeones que levantaron el poder de España.
Cinco siglos después, la historia se repite: las minas siguen en manos extranjeras, solo que ahora los barcos tienen otros nombres —Barrick Gold, Falcondo, Unigold— y los virreyes usan trajes, cargos y contratos.
En 2025, las exportaciones de oro y plata alcanzaron los US$1,638.5 millones, un aumento del 52.5% respecto al año anterior. Sin embargo, ese crecimiento no se traduce en bienestar para las comunidades mineras.

De Trujillo a Abinader: continuidad extractiva
Durante la dictadura de Trujillo, la minería fue instrumento de poder y de control económico. Balaguer consolidó la entrega con Falcondo y la Rosario Dominicana, y los gobiernos posteriores —Hipólito, Leonel, Danilo y ahora Abinader— mantuvieron la misma línea: abrir las puertas al capital extranjero y cerrar los ojos al costo ambiental.
Ninguna administración rompió el modelo. Todas lo perfeccionaron.
El resultado: un país perforado por más de 600 concesiones mineras, con montañas y ríos en peligro y comunidades que apenas sobreviven en los bordes de la riqueza.

El mito del “progreso minero”


Las transnacionales y sus voceros repiten el eslogan: “la minería trae empleo, inversión y desarrollo”.
Pero las cifras del propio Banco Central revelan la farsa: la minería representa menos del 2% del empleo nacional, y de cada 100 dólares exportados, el país retiene apenas 5 o 6.
El resto se fuga como utilidades, exenciones fiscales o repatriación de capitales.
Mientras Cotuí exporta millones en oro, la pobreza persiste, el agua se contamina y la agricultura retrocede.

Los supuestos “beneficios” son migajas comparados con las pérdidas ambientales, fiscales y sociales. Lo que llaman inversión extranjera es, en realidad, una extracción extranjera disfrazada de ayuda.

Estado al servicio del saqueo
La Ley 146-71 de Minería fue redactada para proteger al inversionista, no al pueblo. Los gobiernos la aplican como dogma y la venden como “seguridad jurídica”.
Pero esa seguridad solo existe para las corporaciones.
Para las comunidades hay incertidumbre, desplazamientos y contaminación.
Los técnicos del Ministerio de Energía y Minas se mueven como piezas intercambiables entre gobiernos, repitiendo el mismo discurso neoliberal, ya sea con bandera azul, morada o blanca.

Como escribió  Juan Bosch en su obra De Cristóbal Colón a Fidel Castro: El Caribe, frontera imperial

 “Los gobiernos dominicanos actúan como corredores de bienes ajenos: venden la patria por comisiones y a plazo.”

Las primeras resistencias
Frente al silencio oficial surgió el grito popular.
Campesinos, estudiantes y ambientalistas levantaron su voz en Bonao, Cotuí, San Juan y Loma Miranda.
Nació así un movimiento nacional por la defensa de la tierra, del agua y de la vida, que hoy continúa desde Restauración hasta Pedernales.
Las comunidades, sin recursos ni protección, han demostrado más dignidad que todo el aparato político junto.
Y Revista Dominicana, junto a la Red Socioambiental Nacional y la Coordinadora Popular Nacional han estado, y estará, al servicio de esa lucha.

El verdadero rostro del oro
Lo que nos vendieron como “progreso” es una operación contable de pérdida nacional como veremos en la próxima entrega.
La realidad es que, en la República Dominicana,  el oro no brilla ni ilumina: ciega.
Y detrás de cada onza exportada hay un río menos, una comunidad desplazada y una patria más empobrecida.

Mientras otros buscan oro, nosotros buscamos justicia.