Cuando un sector lucha solo, pierde. Cuando lucha acompañado, resiste. Cuando lucha unido, puede ganar.
Por Felipe Lora Longo
Revista Dominicana
1ro de Mayo: Unidad, Fuerza, Solidaridad
El primero de mayo no es una fecha para discursos cómodos ni para consignas recicladas. Es un campo de batalla político. Y este año llega con una verdad incómoda: mientras el capital se moderniza, se globaliza y se protege, el movimiento obrero dominicano sigue fragmentado, disperso y, en demasiados casos, desarmado frente a una ofensiva que no se detiene.
- La precarización no es un accidente. Es un proyecto.
- El deterioro del salario no es una falla. Es una decisión.
- La privatización de la seguridad social no es un error técnico. Es un negocio.
Y frente a eso, la mayor debilidad no está solo en el poder: está en nuestra desunión.
Por eso este 1ro de mayo debe ser diferente, no una marcha más. Tiene que ser una ruptura. Debemos convertirlo en el día en que la clase trabajadora —formal e informal, urbana y rural, joven y envejecida, femenina y migrante, precarizada y expulsada— deje de actuar como suma de sectores aislados y se reconozca como una sola fuerza social con intereses comunes y destino compartido.
Según mis observaciones, la Coordinadora Popular Nacional (CPN) está jugando un papel incómodo para algunos, pero necesario para todos: está construyendo, no como dirección única, no como sustituto del movimiento obrero, no como un partido político, sino como puente real, no retórico, entre los trabajadores, el movimiento popular y las diversas corrientes de la izquierda.
- Un puente no impone. Conecta.
- Un puente no sustituye. Sugiere y motiva al encuentro.
- Un puente no absorbe. Articula.
Y eso es precisamente lo que falta.
Porque mientras los trabajadores luchan por salarios dignos, las organizaciones populares pelean por territorio y derechos básicos, y la izquierda bajo la unidad de acción debate las estrategias, el poder económico avanza sin fragmentarse. Esa desigualdad es insostenible. Y es ahí donde la CPN apuesta, con aciertos y con muchos límites, a algo más ambicioso: convertir la dispersión en convergencia.
Pero hay que decirlo sin rodeos: la unidad que se necesita no es decorativa ni simbólica. No es la foto conjunta ni la firma de un documento que nadie cumple. Es una unidad que incomoda, que obliga a ceder protagonismos, que exige claridad estratégica y compromiso real.
Unidad para pelear, no para aparentar.
Unidad para conquistar, no para administrar derrotas.
Los reclamos están claros y no son negociables en su esencia: salarios dignos, cesantía efectiva, pensiones que permitan vivir, salud pública real, condiciones laborales humanas. Eso no se implora. Se arranca. Y solo se arranca cuando hay fuerza colectiva organizada.
Debemos entender que la solidaridad y consciencia de clase no son un adorno moral del 1ro de Mayo. Es la única herramienta histórica que ha demostrado romper las derrotas. Cuando un sector lucha solo, pierde. Cuando lucha acompañado, resiste. Cuando lucha unido, puede ganar.
Este 1ro de mayo no es para recordar el pasado. Es para decidir si habrá futuro.
Porque hay una verdad que el poder entiende perfectamente, y por eso la ha convertido en su credo: una clase obrera dividida es una clase obrera gobernable.
Y una clase obrera unida es una fuerza ingobernable.
Por eso, aprovecho para recordarles a todos las trabajadoras y trabajadores, a todos los revolucionarios y revolucionarias que la historia no va a esperar a que nos pongamos de acuerdo cómodamente. Va a avanzar con o sin nosotros.
Así que la tarea es clara, urgente y también peligrosa, como todo lo que vale la pena: construir, de una vez por todas, un movimiento obrero más unido, más fuerte, y más solidario que nunca.
Trabajadores dominicanos, ¡únanse, organícense y conviertan la lucha en poder!

