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PISA 2025: cuando ser pobre deja de ser la excusa

Los datos de PISA 2025 desmontan el argumento de la pobreza y exponen una crisis de prioridades, no de recursos.

Por Felipe Lora Longo
Revista Dominicana

Cada tres años ocurre el mismo ritual. La OCDE publica los resultados de PISA, el gobierno de turno organiza una rueda de prensa en el Palacio Nacional, se celebra el “mejor resultado histórico”, siempre lo es, porque partimos del sótano, y a los tres días el tema desaparece de la agenda pública hasta la próxima edición.

PISA 2025 no ha sido la excepción: 361 puntos en Ciencias, 346 en Lectura, 339 en Matemática. Cifras que, leídas sin contexto, permiten el aplauso oficial. Leídas con rigor, exponen exactamente lo que hemos venido señalando desde hace años: la educación dominicana no tiene un problema de recursos, sino de clase.

Lo que el discurso oficial omite
El argumento de siempre es la pobreza: “somos un país en desarrollo, no podemos compararnos con la OCDE”. Es un argumento cómodo y falso. Brasil tiene un PIB per cápita levemente inferior al dominicano y obtuvo 48 puntos más en Ciencias, 62 más en Lectura y 38 más en Matemática. Perú, con menos ingresos per cápita que nosotros, nos supera en más de 40 puntos en las tres áreas. Colombia, con un ingreso un 23% menor, también nos aventaja con holgura. Si el ingreso nacional explicara el resultado, estos tres países deberían rendir peor que República Dominicana. Rinden mejor, y por un margen que equivale, según las propias escalas de la OCDE, a más de un año completo de escolaridad.

Esto no es un accidente estadístico. Es la prueba de que el problema no es cuánto tiene el país, sino a quién se destina lo que tiene. Mientras la élite dominicana escolariza a sus hijos en colegios privados bilingües y los envía a universidades en el extranjero, el 91% de los estudiantes de la escuela pública no alcanza el nivel básico en Matemática y tres de cada cuatro quedan por debajo del umbral mínimo en Ciencias y Lectura. El sistema educativo dominicano no está fallando: está funcionando exactamente como fue diseñado, reproduciendo la desigualdad de una generación a la siguiente.

El dato que sí incomoda al poder
Hay una cifra en el informe de 2025 que merece más atención de la que recibirá: el nivel socioeconómico explica apenas el 10% de la variación en el desempeño científico dominicano, por debajo del promedio de la OCDE del 12%. A primera vista parece una buena noticia, “aquí el origen social pesa menos”. Pero hay que leerla al revés: no es que en República Dominicana la desigualdad de origen importe poco, es que el piso es tan bajo para todos los sectores, incluida buena parte de las clases medias, que la variable que normalmente distingue a ricos de pobres deja de discriminar porque casi nadie está aprendiendo lo suficiente. No es equidad. Es una precariedad generalizada.

Lo que hay que exigir, no lo que hay que “recomendar”
Los informes técnicos del Banco Mundial, del Minerd, de las ONG educativas seguirán proponiendo lo de siempre: capacitación docente, tecnología, currículo. No está mal, pero es insuficiente si no se indica, con nombre y apellido, dónde está el bloqueo real. Desde esta columna, la agenda es otra:

  1. Fiscalización real del 4% del PIB destinado a la educación. La ley existe desde 2013, la cifra se cumple en el papel, pero hay que auditar públicamente en qué se gasta: cuánto va a infraestructura sin mantenimiento, cuánto a nómina política del Minerd, cuánto llega efectivamente al aula. Sin trazabilidad, el 4% es un número, no una política.

  2. Condiciones dignas y salario real para el magisterio, no como dádiva sino como condición de posibilidad: un maestro con dos empleos para llegar a fin de mes no puede sostener la exigencia pedagógica que estos resultados reclaman.

  3. Romper la segregación de facto entre la escuela pública y la privada en la toma de decisiones de política: ningún ministro, viceministro o director regional debería diseñar política pública para una escuela pública a la que no manda a sus propios hijos. Mientras la clase dirigente educa a su descendencia fuera del sistema que administra, no tiene incentivo estructural para arreglarlo.

  4. Organización de base: juntas de padres, madres y maestros con poder real de fiscalización local, no como comité decorativo sino como contrapeso comunitario a la gestión distrital. La mejora educativa no vendrá de un decreto; vendrá de que la comunidad organizada exija cuentas escuela por escuela.

  5. Poner la comparación con Brasil, Perú y Colombia en el centro del debate público, precisamente porque desmonta la coartada de la pobreza. Es un argumento que hay que repetir hasta que se vuelva sentido común: no es que no podamos, sino que no se ha querido.

PISA 2025 no es una foto del atraso dominicano. Es una radiografía de sus prioridades reales.

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