De la ilusión unitaria a la organización real: la izquierda dominicana necesita dedicación, presencia en el barrio, formación de cuadros y trabajo cotidiano
Por Felipe Lora Longo
3 de agosto de 2026
I. Cuatro señales en el horizonte
Las últimas semanas han sido testigos de varios acontecimientos que merecen ser señalados como faros de esperanza para la izquierda dominicana.
- 30 de mayo de 2026 – El PPT plantea la construcción de un polo político alternativo y patriótico hacia 2028.
- Junio–julio de 2026 – El RID publica su serie sobre el Bloque Electoral Alternativo.
- Julio de 2026 – Se produce la reunificación MC–FR, que ha dado origen al Partido del Poder Popular (PPP)
- Julio de 2026 – El PCT publica su Carta Abierta y luego desarrolla la propuesta en La opción necesaria: con quiénes y cómo.
- 26 de julio de 2026 – El RID responde públicamente al PCT, buscando precisar coincidencias y diferencias.
Todas estas declaraciones y acontecimientos comparten un anhelo común: abrir un camino para que la izquierda se erija como una verdadera alternativa de gobierno.
Saludo estos esfuerzos con sinceridad. No porque concuerde plenamente con cada una de sus propuestas, sino porque reflejan una preocupación que me ha acompañado durante años: ¿cómo superar la endémica dispersión y debilidad histórica de nuestra izquierda?
Es una discusión ineludible. Pero me pregunto si, una vez más, nos estamos formulando la pregunta equivocada.
II. La ilusión recurrente: el espejismo de la unidad electoral
La historia se repite al ritmo electoral. Cada cuatro años, cuando los comicios se asoman en el horizonte, el llamado a la unidad resuena con fuerza. Los encuentros se multiplican, se redactan documentos programáticos, se firman acuerdos de compromiso y se reavivan las ilusiones. Sin embargo, una vez cerradas las urnas, la mayoría de estos esfuerzos se desvanecen, como un espejismo en el desierto político.
No escribo estas líneas para descalificar a quienes impulsan estas iniciativas. Sería un acto de injusticia, pues he sido parte activa de varios de esos procesos. Participé en la construcción de Izquierda Revolucionaria (IR) y más adelante en el Foro USA-RD, del cual surgiría el RID. Como muchos otros compañeros y compañeras, invertí tiempo, trabajo e ilusión en esos proyectos.
Hablo, por tanto, desde la experiencia, no desde la distancia.
De esos esfuerzos extraje una enseñanza que considero capital: la unidad es necesaria, pero no es suficiente. Es una condición sine qua non (esencial) para disputar el poder, pero hemos cometido el error de convertirla en un amuleto político, en una ilusión mágica que creemos que resolverá los problemas por sí sola.
III. El diagnóstico que debemos confrontar: la fragmentación como síntoma
Durante demasiado tiempo, hemos operado bajo la suposición de que la fragmentación era nuestra debilidad principal. Hoy sostengo la tesis contraria: nuestra fragmentación es un síntoma, un reflejo de una debilidad más estructural y profunda.
Seguimos siendo organizaciones con:
- Presencia territorial limitada
- Inserción comunitaria esporádica
- Formación de cuadros insuficiente
- Capacidad organizativa frágil
- Membresía estancada
- Caudillismo de acción
- Miembros envejecientes
- Influencia social reducida
- Etc.
El gobierno y el poder no se ganan con la unidad. Se ganan con organización, trabajando con ahínco, adaptando los planes a los tiempos modernos, usando estrategias y tácticas actualizadas. La unidad puede agilizar el proceso, pero solo si quienes se unen se autocritican con honestidad, deciden priorizar al partido, cambian sus estrategias y sus obsoletas tácticas y lanzarse a las calles a caminar hombros con hombros con el pueblo.
Mientras estas carencias persistan, ninguna fórmula unitaria, por bienintencionada que sea, podrá resolver nuestros problemas de raíz. Como advierte el propio PCT, no se puede “beber vino nuevo en odre viejo“.
IV. El giro necesario: reformular la pregunta
Por eso quisiera proponer un cambio radical en el debate.
Tal vez la pregunta no sea: ¿Cómo unimos a la izquierda?
Tal vez la pregunta deba ser:
¿Qué izquierda debemos construir para que la unidad deje de ser una necesidad periódica y se convierta en una consecuencia natural?
Porque la unidad verdadera será consecuencia, no causa: resultado de la renovación interna, del trabajo de base y del abandono de los métodos caducos. No se trata de negar su importancia, sino de redefinirla radicalmente.
V. Hacia una izquierda con raíces
Necesitamos forjar organizaciones con presencia cotidiana en los barrios, los campos, las universidades y los centros de trabajo. Organismos capaces de:
- Crear presencia nacional
- Formar nuevos dirigentes
- Acompañar las luchas populares
- Servir a las comunidades usando “política de servicios”
- Ganar autoridad política y moral mucho antes de salir a solicitar el voto
En resumen, necesitamos construir una izquierda útil al pueblo, enraizada en sus luchas cotidianas. Una izquierda dispuesta a “embarrarse de pueblo”, a vivir las contradicciones del barrio, del campo y de los trabajadores.
Porque las elecciones no construyen organizaciones. Son las organizaciones, fuertes y legitimadas, las que ganan elecciones.
VI. La unidad como consecuencia
Celebro, por todo ello, el llamado del PPT, la reflexión del PCT, la respuesta del RID y la reunificación del MC y el FR. No porque representen la respuesta definitiva, sino porque nos invitan a pensar estratégicamente y nos empujan a dar pasos concretos.
Mi única invitación es que ampliemos el horizonte de la discusión. No solo preguntándonos con quién debemos unirnos, sino, sobre todo, qué debemos construir para que esa unidad sea sólida, duradera y capaz de conducir al pueblo dominicano no solamente al gobierno, sino a las transformaciones profundas que anhelamos.
Porque la unidad no es el destino. Es la consecuencia de una construcción política seria, coherente y enraizada en el pueblo.

