Un David caribeño que lleva 65 años desafiando todas las predicciones de su muerte
Por Felipe Lora Longo
Revista Dominicana
Propongo a Occidente un ejercicio de honestidad intelectual. Que respondan a esta pregunta: ¿Cómo es posible que Cuba todavía exista?
No hablo de existencia geográfica. Hablo de su existencia como proyecto político soberano e independiente, a sólo 90 millas de la superpotencia más poderosa que ha conocido la humanidad. Sometida durante 65 años a un asedio económico, comercial y financiero diseñado explícitamente para asfixiarla. Un bloqueo cuyo propósito declarado era causar penurias y desesperación, para mostrarla al mundo como un cadáver político, como la prueba definitiva de que “el socialismo no funciona”.
Y, sin embargo, ahí está.
El peso desigual de la historia
Estados Unidos tiene un PIB de 28 billones de dólares. Cuba tiene 107 mil millones. Es una relación de 260 a 1. Es como poner a un niño de primaria en el ring contra Mike Tyson y esperar que sobreviva seis décadas.
Pero no es solo desigualdad económica. Es asedio militar, sabotaje industrial, guerra biológica, terrorismo, invasión, más de 600 intentos de asesinato documentados contra sus líderes, y un bloqueo económico tan extraterritorial que penaliza a empresas europeas, canadienses, o latinoamericanas por el simple acto de comerciar con La Habana.
Cuando el imperio Romano quería destruir Cartago, lo hizo completamente. Cuando el imperio Británico quiso quebrar la resistencia irlandesa, lo logró durante siglos. Cuando Estados Unidos quiso cambiar gobiernos en Guatemala, Irán, Chile, Nicaragua, Granada, Panamá, República Dominicana, lo consiguió en meses o años.
¿Por qué Cuba es diferente?
La anomalía que no debería existir
Según toda lógica geopolítica, Cuba debería haber caído en 1962, o en 1991 tras el colapso soviético, o en el Período Especial cuando la gente comía cáscaras de naranja para sobrevivir, o en 2020 cuando Trump cerró las remesas y recrudeció el bloqueo.
Cada década, analistas estadounidenses predicen la inminente caída del régimen castrista. Cada década, se equivocan.
Y aquí está lo que los incomoda: **Cuba no solo resiste, sino que ha logrado indicadores sociales que muchas democracias capitalistas envidiarían.**
Mortalidad infantil de 4.3 por cada 1,000 nacidos (mejor que Estados Unidos). Tasa de alfabetización del 99.7%. Esperanza de vida de 79 años. Desarrollo de vacunas propias contra el cáncer de pulmón y COVID-19. Exportación de 28,000 médicos a 66 países durante la pandemia mientras Estados Unidos acaparaba vacunas.
Esto no significa que Cuba sea un paraíso. Significa algo más complejo y más importante: que incluso con una piedra atada al pie, han construido una sociedad que prioriza diferentes valores.
El mensaje que no puede permitirse
Y ese es precisamente el problema que Cuba representa para el imperio.
No es que Cuba sea perfecta. Es que Cuba existe como alternativa. Es la prueba viviente de que un país pequeño puede decir “no” a Washington y sobrevivir. Es la demostración de que otro camino es posible, aunque sea dolorosamente difícil.
Por eso el bloqueo nunca se trata realmente de “democracia” o “derechos humanos”. Estados Unidos comercia felizmente con Arabia Saudita, que decapita disidentes. Apoya a Israel, que mantiene un apartheid en Palestina. Restauró relaciones con Vietnam, que sigue siendo un estado de partido único.
El bloqueo a Cuba es pedagógico. Es un mensaje al Sur Global: “Esto es lo que te pasa si te atreves a salir de nuestro orden.”
Las cicatrices del asedio
Sería deshonesto no reconocer el costo.
La economía cubana está devastada. Hay apagones de 12 horas. Escasez de alimentos, medicinas, combustible. Colas interminables. Salarios que no alcanzan. Éxodo masivo de jóvenes que buscan futuro en Miami, Madrid, o donde sea.
Parte de esto es culpa del bloqueo. Parte es culpa de errores internos: reformas demasiado lentas, resistencia ideológica a la descentralización.
Pero separar qué porcentaje corresponde a cada causa es casi imposible. ¿Cómo evalúas el rendimiento de un atleta que corre con grilletes? ¿Cómo juzgas la productividad agrícola de un país que no puede importar tractores, fertilizantes, o repuestos?
Cuba carga con dos tragedias simultáneas: la del bloqueo criminal y la de sus propias limitaciones estructurales.
La grandeza de la resistencia
Pero aquí está lo que no puede negarse, lo que la historia recordará:
Cuba ha resistido 65 años de guerra económica total por parte del imperio más poderoso de la historia.
Eso solo ya es épico. Eso solo ya es digno de estudio. Eso solo ya merece respeto, incluso de quienes critican su modelo.
Porque la resistencia de Cuba no es solo cubana. Es simbólica para cada nación pequeña que se pregunta si es posible mantener soberanía frente a presiones imperiales. Es pedagógica para cada movimiento que busca alternativas al capitalismo neoliberal.
Vietnam resistió militarmente y luego prosperó con reformas pragmáticas. China se abrió al mercado pero mantuvo independencia política. Cuba ha mantenido una tercera vía, más costosa, más dolorosa, pero también más obstinada en sus principios.
Hasta la inevitable caída del imperio
Y ahora estamos en un momento histórico fascinante.
La hegemonía estadounidense está en declive relativo. China emerge como contrapeso. El Sur Global se reorganiza (BRICS, multipolaridad). El dólar pierde centralidad. América Latina elige gobiernos progresistas (Colombia, Chile, Brasil, México).
Cuba ha sobrevivido lo suficiente para ver el cambio de época.
No sabemos cuánto durará el imperio estadounidense en su forma actual. Pero sabemos esto: Cuba ya lo ha sobrevivido en su momento de máximo poder.
Cuando cayó la URSS, todos predijeron que Cuba caería en meses. No cayó.
Cuando vino el Período Especial, predijeron colapso total. No colapsó.
Cuando Trump recrudeció sanciones, predijeron rendición. No se rindió.
La lección para el futuro
Cuba es prueba de que la voluntad política puede superar desventajas materiales extremas. Que la dignidad nacional tiene valor aunque cueste prosperidad. Que los pueblos pueden elegir caminos diferentes aunque el precio sea altísimo.
También es advertencia: el imperio no perdona desafíos. Castigará generaciones enteras para dar el ejemplo.
Pero también, y esto es crucial: el castigo imperial no es omnipotente.
Cuba ha demostrado que la asfixia económica puede infligir dolor inmenso pero no puede borrar la autodeterminación de un pueblo que se niega a arrodillarse.
Esa es su grandeza. No que sea perfecta, sino que siga existiendo cuando no debería.
Epílogo
Algún día, cuando historiadores futuros escriban sobre esta época, verán a Cuba como nosotros vemos a la resistencia de Vietnam contra Francia y Estados Unidos, o la resistencia argelina contra Francia, o la resistencia haitiana contra el imperio francés.
Verán a una isla pequeña que se negó a ser apéndice de su vecino poderoso. Que pagó un precio terrible por esa negativa. Pero que mantuvo su bandera izada.
Y cuando finalmente caiga el orden unipolar estadounidense, cuando el mundo sea verdaderamente multipolar, cuando nuevas generaciones estudien el siglo XXI, preguntarán asombradas:
“¿Cómo lo lograron? ¿Cómo una isla de 11 millones resistió al imperio de 330 millones durante tanto tiempo?”
Y la respuesta será compleja, matizada, llena de contradicciones.
Pero comenzará así: “Porque se negaron a rendirse.”
Hasta la victoria siempre. No como eslogan romantizado, sino como reconocimiento histórico de una resistencia que ya ha durado más que la mayoría de los presidentes del imperio que intentaron doblegarla.

